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"Canuto, el perro de mi barrio": emotiva carta de Pancho Cavero que fomenta la adopción

Conductor de Capital dio a conocer la historia de la mascota de su barrio que murió atropellada. Ahora busca que no existan más perros al borde del peligro y con una vida tan corta.
El conductor de Capital pide a la población que adopten perritos y no vivan a la intemperie.

El reconocido veterinario y conductor de Capital, Pancho Cavero, publicó una emotiva nota en su cuenta de Facebook, en cual cuenta la historia del perro de su barrio que lamentablemente perdió la vida al ser atropellado.

Ahora que ejerce la profesión de veterinario y su convivencia diaria con la animales, busca que no existan más mascotas abandonadas a su suerte y tengan un triste desenlace. 


El perro de mi barrio

Canuto se llamaba el perro de mi barrio allá por los años 90, cuando yo tenía apenas 17 años. Era Negrito y petiso era un amor, muy cariñoso.
El arriesgado perrito corría atrás de todos los carros que pasaban por la calle Félix Dibós en Magdalena. Este aventurero tenía la particularidad de identificar a los carros que no eran del barrio y corretearlos hasta que salían de sus dominios.

Recuerdo que Canuto apareció una noche de Navidad, cuando estaba con mi hermano en la vereda. Vimos a un perro asustado; le dimos consuelo, comida y un lugar donde dormir pero al día siguiente solo quería salir la calle. El eligió no ser adoptado por una sola persona, sino por toda una cuadra. Amaba quedarse en la calle, solo pedía alimento y un sitio donde pasar la noche.

Cerca de la casa había una iglesia: tenía el hábito de esperar la bendición del Padre antes de iniciar su labor de correteo, así como de invadir el patio de recreo de un colegio cercano donde los chicos lo esperaban con comida. Él se escabullía para salir siempre bien parado, listo para jugar y a perseguir las llantas en movimiento.

Canuto era un especialista de las calles y conocía cada centímetro de ella, sin embargo todos los días se exponía a ser atropellado, envenenado o golpeado por alguno que no le gustara su compañía. Lamentablemente y como era previsible, un día que le fallaron sus cálculos en la ciencia de correr al lado de una llanta en movimiento, lo atropelló un carro. Canuto murió instantáneamente y el conductor se dio a la fuga, dejándolo tendido en el pavimento. Los chicos de la cuadra y yo lo enterramos en el parque donde nos reuníamos los fines de semana. Lamentamos su muerte y nos dimos cuenta que un perrito de la calle, tiene una esperanza de vida muy corta.

Canuto era un callejero por derecho propio. Era un perrito de raza única que brillaba con luz propia, era adorado por todo el barrio: era de los niños, de la iglesia, de los vecinos, y de quien lo rescatara de su soledad.

Ahora que soy veterinario, pienso que no deberían existir los “Canutos” del barrio. Todos los perritos merecen formar parte de un hogar y que por más “cancheros” y felices que parezcan, no merecen vivir al borde del peligro y tener una vida tan corta.

#LosAnimalesMeImportan