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Anthony Choy contó el misterioso caso de un implante extraterrestre de una tacneña

El ufólogo detalló que el hecho sucedió en el 2003 y aunque al principio la mujer mostró interés en contar su testimonio, después dio marcha atrás.

Cuando una persona declara que ha sido secuestrada por extraterrestres, generalmente se le hacen ciertas preguntas para tener claro que se trata de contacto con seres de otro planeta. Por ejemplo: ¿sueñas con personajes extraños o raros?, ¿en las noches ves luces en el cielo de manera inexplicable?, ¿sientes sensación de agobio cuando escuchas en televisión hablar de extraterrestre?, ¿tienes marcas en el cuerpo de manera inexplicable?. Y cuando la cosa va avanzando, y se hacen rayos X, llegan a aparecer pequeños objetos como de nanotecnología.

Allá por el año 2003, yo hice un viaje de investigación a Tacna, porque me contacté con una abogada de Gobierno Regional que me contó que de niña tuvo una experiencia, que recordaba haber jugado con un niñito peladito, de ojos grandes, y dijo que ahora sabía que era un extraterrestre, pero en esa época no lo sabía”, relató Anthony Choy.

El doctor contó que la mujer que, en esa época estaba por los 30 años, le relató un asombroso hecho que le había pasado por entonces. Mientras estaba sola con su bebé en su casa, la mujer sintió un movimiento en la cochera y, cuando se asomó, vio un personaje igual al de su infancia, un ser pequeño, cabezón, de un metro con cuarenta centímetros, ojos almendrados, cuerpo raquítico, casi sin nariz y sin boca, lo que se conoce en ufología como alien.

Luego ella me dijo una frase que todavía me acuerdo: ‘no, a mi hijo no’. Me cuenta que agarró a su bebé y trató de huir, pero en el pasadizo la casa se encontró con este ser y desde ahí no recuerda nada más. Tres horas después, estaba echada en su cama, totalmente derechita, con su bebé a sus pies y la cama bien tendida”, añadió Choy.    

Al tiempo, mientras esta mujer se bañaba, se dio cuenta que tenía un bulto en la base de la nuca, y fue a hacerse una ecografía y encontraron un aparatito, un dispositivo muy pequeño. Lo peor es que un día que bañaba a su bebé encontró algo similar en la base de su columna vertebral.

“Luego de esto, la mujer ya no quiso seguir conversando conmigo porque tenía miedo que utilicen a su hijo en un laboratorio para estudiarlo, y me pidió que no revelara su nombre y, desde entonces, no he sabido nada de ella”, concluyó Choy.


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18/03/19 - Capital